¿Tienen alma los animales?
Son innumerables los relatos, grabaciones en video, grabaciones de sonido y simples observaciones en las que se comprueba una y otra vez casi las mismas reacciones que las "humanas".
pesar de tantos estudios (de todo tipo) sobre el tema nos resistimos a compartir lo que llamamos "alma" con nuestros hermanos con pelo, plumas, concha, escamas y caparazón. (ahora que escribo, Juanita, la tortuga de orejas rojas que acabo de recibir para su reubicación me mira desde su palangana con agua…).
Son innumerables los relatos, grabaciones en video, grabaciones de sonido y simples observaciones en las que se comprueba una y otra vez casi las mismas reacciones que las "humanas".
Jane Goodall, Dian Fossey, Biruté Galdikas, Konrad Lorenz y tantos otros etólogos fueron seducidos por los animales que estudiaron, a la primera le fascinaros desde bebé los chimpancés, a Lorenz los gansos, los perros y otros animales hicieron de él un estudioso que finalmente ganó el premio Nobel de Medicina en 1973 por sus estudios de la relación entre los animales y el hombre.
Lorenz estudió especialmente los gansos ya que vivía en el campo de Austria, tenían gansos para hacer paté y parra engordarlos (como nosotros con los guajolotes) para la Navidad.
Se dio cuenta de que los pequeños gansitos reconocían como mamá a la primera cosa viviente que miraban por primera vez, fuera ésta cosa la gansa mamá, un perro o incluso el mismo Lorenz, así experimentó sin hacer daño a los gansos y tuvo muchos "hijos" que lo seguían por todas partes, primero caminando y luego volando. Él les hablaba en "ganso" y ellos respondían, todas las mañanas sus gansos lo esperaban en la puerta para saludarlo y luego iban a volar un rato para regresar en la tarde.
Sus estudios sobre los gansos fueron ampliados y aplicados a los perros, los animales domésticos por antonomasia.
La alegría por vivir que tienen los cerditos, los perritos, los gatitos y muchos de los animales que hemos etiquetado como "salvajes" y por ende nos hemos arrogado el derecho de cazarlos por deporte, de vestir su piel, de mantenerlos en acuarios y someterlos a aprender rutinas grotescas para nuestro deleite; pues bien esa alegría primigenia la compartimos con ellos, es decir, no estamos tan alejados de todos nuestros parientes animales.
Apatía, pérdida de apetito, falta de vivacidad incluso depresión severa son los síntomas que puede tener un perro o un gato cuando pierde a su compañero de juegos, sea éste otro animal o a su animal humano.
Los documentales que pasan sin cesar en la televisión nos exponen escenas de un cariño maternal que no supera al humano, veamos la mamá elefante, la mamá gorila incluso la mamá cocodrilo, tan violenta y fuerte cuando caza, pues bien ese mismo hocico lleno de dientes es infinitamente suave cuando se trata de transportar a sus nuevos bebés hasta la seguridad del agua.
O podemos reflexionar sobre la solidaridad de muchos de estos "animales" no humanos ante el dolor y desgracia de un compañero; las expresiones faciales y corporales son casi como las nuestras…¿por qué, entonces, negarles un alma? Mejor respetemos su vida que es tan valiosa como la nuestra.
Fuente
"El alma de los animales", Gary Kowalski, Arcano Books, éste es un libro en el que se habla de las manifestaciones de alma en los animales, súper recomendable para estas vacaciones.