El embarazo y los gatos (II): Mitos y realidades sobre los gatos

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Como si el asunto ya fuera costumbre, frecuentemente nos enteramos de amigas, colegas, familiares o conocidas que se están deshaciendo de su gato como “medida preventiva” debido a que se encuentran embarazadas.

Así, como si el animalito fuera un trasto viejo. Después de todo, sólo es un gato, ¿No?

Un embarazo significa una alegría que todos debemos esforzarnos en preservar, pero sucumbir a la ignorancia de las creencias populares al momento de recibir un hijo, es algo tan noble como exterminar los perros de la Plaza de la Constitución para recibir un nuevo gobierno.

Y dado que el oscurantismo se acabó, vamos a acabar de una vez por todas con cuatro grandes mitos sobre los gatos y el embarazo:

MENTIRA 1. Los gatos son cochinos

Los gatos y en general todo animal doméstico es tan cochino como lo es su dueño. En general el gato es uno de los animales más limpios que existen.
Claro: si al gato le damos carne sin cocer o las sobras de la semana pasada, le limpiamos la caja de arena sólo cuando el hedor se hace insoportable y lo dejamos vagar entre los botes de basura, ciertamente estará sucio.

Si usted se preocupa de darle una buena alimentación, desparasitarlo, tener sus vacunas al día y mantenerlo en condiciones higiénicas apropiadas, no hay problema alguno.

MENTIRA 2. Los gatos transmiten enfermedades peligrosas para el feto

Esta es una realidad exagerada a niveles ridículos. Surge a raíz de la toxoplasmosis, una enfermedad infecciosa causada por el parásito toxoplasma gondii, que puede provocar defectos congénitos como ceguera o daño cerebral, siendo portada no sólo por gatos, sino por muchos otros animales.

Ahora, contrario a la idea de que la sola presencia del gato baste para que una embarazada la contraiga automáticamente (lo que sería todo un hallazgo científico) la toxoplasmosis se transmite:

  • Sólo manipulando las heces del animal directamente con las manos.
  • Sólo si esas heces tienen más de 24 horas de deposición.
  • Sólo si esas heces pertenecen a un gato que elimine toxoplasmas activos (un 2% de la población felina).
  • Entonces la recomendación es sencilla: si está embarazada y tiene un gato, evite ser usted quien se haga cargo de limpiar su caja de arena. Si su gato defeca en el patio, use guantes para manipular la tierra del jardín. Pero sobre todo, no se chupe los dedos después de hacerlo: el toxoplasma sólo se adquiere cuando es ingerido.

¡Ah! Y a propósito, la principal vía de contagio de la toxoplasmosis no son los gatos, fíjese… sino el consumo de carne cruda o mal cocida.

MENTIRA 3. Los pelos de gato son peligrosos durante el embarazo

Todos hemos escuchado la historia de la pobre Tía Ema, que tras convivir con un gato tuvieron que extirparle una bola de pelos con la que se podría haber tejido un chaleco (seguro gracias a opiniones tan doctas como esta).

La verdad es que mientras usted no se aficione a lamer a su gato, no hay problema con los pelos.

MENTIRA 4. Los gatos son peligrosos para los bebés

Cualquier mascota que entra en el hogar es un miembro más de la familia. Como tal, quiere, extraña y también puede sentirse desplazada si se le ignora tras la llegada de un bebé. Es lo mismo que sucede con los hermanos, por lo cual rige la misma recomendación: no hacerlas a un lado. No olvidar seguirles dando amor.

Quienes aún tengan dudas existe una recopilación de artículos sobre la convivencia entre niños y mascotas, o un puñado de testimonios de personas que con el mismo temor descubrieron lo que sucede al mezclar gatos y bebés: absolutamente nada.

Claro, nada malo, porque beneficios hay muchos. En la mayoría de las páginas web sólo se habla de las ventajas que tiene para los niños crecer junto a animales, desde una mayor resistencia a enfermedades (incluyendo asma y alergia) hasta la internalización de aquel valor supremo que es el respeto a la vida.

Por eso, concluimos con estas sabias palabras de la veterinaria mexicana Mónica Vallejo:

“Teniendo en cuenta las anteriores precauciones y prevenciones de enfermedades, no nos dejemos tampoco llevar por médicos ignorantes, apegados aún a la arcaica medicina hipocrática y aristotélica y que nos digan o insistan en que no debemos conservar a nuestras mascotas porque son un peligro potencial para nuestro bebé por nacer.

Si ya tenemos hijos, ¿qué explicación absurda les daremos cuando lo apartemos de su mejor amigo animal? ¿Seremos capaces de abandonar o regalar a su mascota?

En el caso de que sea el primer bebé, ¿Qué le diremos cuando crezca y vea fotografías de aquella mascota “peligrosa”? ¿Le mentiremos torpemente o seremos capaces de decirle la verdad, bajo el riesgo de que crezca con una idea igualmente equivocada o de que nos diga que cómo fuimos capaces de deshacernos de nuestro animal favorito por causa de un médico mal informado?”

Gracias por darle un hogar a un ser vivo que te ama… No lo abandones, el nunca lo haría.

Fuente: Jessica Soto V. (Protección Animal) www.miau.com.mx

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